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QUE VIVAN LOS LOCOS (30/03/2020)
Esperanza discutida por una nueva muerte, los ojos bizcos de la inteligencia enloquecen, cuando aparecen esas vallas diseñadas para separar los sentimientos de todos los que añoramos un mundo mejor. Colores blandos con olor a vino agrio y calores que vuelan como un fado triste a ritmo de una guitarra que no deja de llorar. Llora porque nadie la escucha, llora porque ya no sale de su caja, llora porque le asustan esos curas con hisopo que bendicen en un helicóptero, que van de mano de la autoridad, llora por no saber gritar y llora porque tú y yo lloramos.
Quién dice, quién hace, quién ama, en estos tiempos de soberbia, codicia y envidia, recluidos, ignorados, asomados a nuestros benditos balcones, centro culturales de la familia, dónde se miente a la luz de un sol, que ya no ilumina igual, que ya nunca veremos de la misma manera. Locos por abrazar a nuestros enemigos y a nuestros seres queridos, locos por tomarnos unas cervezas juntos, locos por volver locos a esos tontos que se creen más listos, locos por sonreír y agradecer a aquellos compañeros que se juegan la vida día a día. En fin locos porque la locura es lo único que nos hace respirar.

HUIDA (junio 2019)
Una huida como un viento que sopla y nos lleva lejos, sin rumbo, sin camino, donde desaparece el tiempo, donde desaparece el gris. La niebla espesa deja paso a una luz tenue, como de vela a punto de apagarse, que zigzaguea y se burla de la noche aún sabiendo que el día ya no llegará.
La geografía de un pensamiento en blanco y negro, antiguo y doloroso, huele a rancio y te devora, es injusto como la justicia e intenta traspasar todas las capas. Huye, huye, huye, resuena el tambor en tu mente como un mantra sin voz, como un sol sin su resplandor.
Una foto a contraluz viene a tu cabeza, los perfiles bien definidos, tus labios con sabor a beso y tu extensa cadera. A tu lado alguien que mira y no comprende, alguien que en breve desaparecerá y que siempre huye, a veces hacia delante, a veces hacia tras, otras veces, las más, sin rumbo en busca de ese algo que nos hace falta y no sabemos nombrar porque todavía nadie le ha puesto nombre.

Y nuevamente comenzar (mayo 2018)
Nuevamente comenzar, caminar hacia ninguna parte, casi con los ojos cerrados, observando como una vez más la tierra se mueve bajo los pies. Ya sé que todo es movimiento, la vida es movimiento, la muerte es movimiento, el infinito es movimiento, pero el duelo duele más que tu propia muerte.
Se puede morir de diferentes maneras, y varias veces, yo por lo menos en algún momento he tenido la sensación de estar muerto, o de no estar, o a lo mejor de no saber dónde estoy. Esas muertes que se reiteran a lo largo de una corta vida te conducen hacia la soledad. Soledad querida, por puta y por bella. No me disgusta la soledad, nunca me hizo daño. Nunca vino a abrazarme con sus largas manos a estrangular mi pensamiento. No tuve que pelearme con ella. Creo que me quiere.
La suerte de poder morir varias veces crea nuevos comienzos. Los principios son duales, atraen y asustan. Pero para empezar antes hay que terminar y entender el porqué de ese fin. Son reacciones primarias de supervivencia, vienen de la parte cerebral más antigua, la reptiliana, dicen que está allí para que podamos continuar viviendo. Nos avisa de los peligros generando adrenalina. Nos haría falta que no generase tanta adrenalina, incluso que desapareciera. Mejor que fuera sustituida por algún resorte que nos permitiera no cometer siempre los mismos errores. Eso sería una evolución cerebral de alto nivel. Sería un motivo de alegría en MAYÚSCULAS para una humanidad indefensa y desamparada.